¿Es difícil aprender chino? ¿Qué tipo de experiencia tendré en China si todavía no hablo chino? ¿A qué sabe la auténtica comida china?

Si te interesa China, probablemente tengas muchas preguntas como estas. Las mejores respuestas están en las historias reales de los estudiantes, profesores e investigadores que han dado el paso definitivo: viajar a China. Para ayudarte a entender mejor la vida en el País del Centro, CLI presenta su serie de blog CLI Perspectives, con historias reveladoras de miembros de la comunidad de CLI.

¡Muchas gracias a Heidi Fowler por enviar la primerísima historia de CLI Perspectives!

Aventura en China: evita los asientos duros

Por Heidi Fowler

Vine a China únicamente por la aventura. Ya sabes, vivir el sueño, conocer el mundo. Sin embargo, siendo la estudiante universitaria de 22 años que soy, necesitaba una excusa para esa aventura. Así que, como excusa, elegí enseñar inglés en Guilin.

Había leído algunos libros sobre China, había comido comida china y había ahorrado dinero para prepararme para este pequeño viaje (ah, y también empaqué mi equipo de snowboard). Por fin llegó el momento de subirme al avión y darle la vuelta al mundo. Mis ideas locas y yo nos íbamos a China.

Heidi, China, snowboard
Haciendo snowboard en Beijing

Llegué unas semanas antes de empezar a dar clases para ir asimilando algunas cosas, y vaya que había mucho que asimilar. Era una locura, este nuevo planeta en el que había aterrizado. Me enamoré. Este lugar sin inglés (salvo los muchos «Hello») me había robado el corazón. Sin duda era la aventura que había pedido.

Empezaron las clases y con ellas un nuevo estilo de vida para mí, uno lleno de responsabilidad. Las clases de la mañana temprano no eran mis favoritas, pero los niños siempre eran geniales. Chicos de doce y trece años: ¿quién iba a pensar que serían tan divertidos? Yo les enseñaba un poco de inglés, ellos me sacaban unas cuantas risas, y dar clases en China se volvió el camino a seguir.

Pero no olvidemos mi verdadero propósito en China: ¡la aventura! Tenía que encontrar algo que hacer con la tabla de snowboard que había cargado hasta acá. Así que a la mitad del semestre empecé a planear mi épico viaje «por toda China». Decidí hacerlo simple. Me pregunté: «¿Qué es lo que absolutamente tienes que ver mientras estés en China?». Y me respondí: «¡La Gran Muralla, por supuesto!». ¡Hay muchas cosas por hacer en Beijing y además tienen nieve!

Conocí la ciudad, conocí gente genial, salí de fiesta un poco y me tomé fotos con los monumentos (porque eso es lo que hacemos los turistas). Lo tenía todo y practiqué snowboard, ¡en China!

Heidi en Beijing
Heidi en Beijing

Me di cuenta de que mi gran viaje estaba llegando a su fin justo cuando comenzaba la Fiesta de la Primavera china. Pero pensé: compraré el boleto después, no pasa nada. ¿Tienes idea de cuánta gente viaja por China durante la Fiesta de la Primavera? Yo tampoco, porque mi cerebro no comprende cifras tan altas. Sobra decir que conseguir un boleto de tren fue bastante difícil. Un amigo por fin me encontró un boleto de «asiento duro» para tres días después de la fecha en que quería irme. En ese momento pensé: ¡Genial, los asientos duros son más baratos, así que puedo ahorrar dinero y me quedo más tiempo en Beijing!

¿Recuerdas que dije que estaba enseñando en China en lugar de aprender chino? Pronto descubrí que saber enseñar inglés, en vez de saber hablar chino, no sirve de nada cuando vas en un tren de 30 horas en asiento duro de Beijing a Guilin. Subí al tren con 30 minutos de sobra, lo cual fue bueno, porque eso fue lo que tardé en hacerme entender para que me ayudaran a subir mi bolsa de snowboard al compartimento superior.

Entonces me fijé: Dios mío, no quedan asientos y todos van de pie. Me abrí paso entre la multitud como pude, con el boleto en alto y cara de confusión. Por suerte, un empleado del tren, que sintió lástima por la extranjera, tomó mi boleto y le gritó a una mujer que se levantara de mi asiento. Yo simplemente puse mi mejor cara de ting bu dong («no entiendo») y me senté. Pensé: qué bien salió, hasta que la misma mujer decidió que tenía que apoyarse en mí durante las 29 horas y 59 minutos restantes del viaje. Así que ignoré el codo clavado en mi hombro y me puse a explorar lo que había empacado para el viaje: un libro, un Snickers y jugo de manzana, yupi. Me moría de ganas de terminar ese libro. Y lo hice… en la primera hora del viaje. Sin nada más que hacer, me comí toda la comida que llevaba. Faltaban 27 horas…

Me di cuenta pronto de que, al comprar el boleto barato, en realidad compré el más barato. Los únicos que ahorraron más que yo fueron los que iban de pie en los pasillos. Con el boleto barato te toca el último vagón del tren, y para cuando el carrito de comida llega hasta ti, solo queda la comida chatarra que nadie más quiso. Así que no comí; con ese Snickers tuve suficiente.

Pero el hombre sentado a mi lado estaba comiendo un pato asado entero, y vaya que olía bien. Así que lo miraba de reojo. No imaginaba que me ofrecería un poco, y mucho menos que acabaría comiéndolo con él. Las cosas que uno hace en China. Fue el pato más delicioso que he comido en un tren. Nos hicimos amigos al instante. Claro que no entendíamos ni una palabra de lo que nos decíamos, pero eso no nos impidió conversar.

Heidi en el tren en China
Los nuevos amigos de Heidi

Nunca pensé que me haría tan feliz salir bajo la lluvia de Guilin sin paraguas y con una bolsa de snowboard. Me alegraba estar de vuelta, no solo porque había salido de esa caja repleta de gente, y no solo porque esta parada sí era la mía (a diferencia de las otras 1500 paradas que hicimos para meter a más gente), sino porque había comido pato en un tren y había hecho con éxito un viaje de 30 horas en asiento duro en China. Me sentía como una viajera experta. Podía con todo. Luego me fui a mi cómodo departamento de CLI, con mi inodoro estadounidense y mi aire acondicionado, y por fin me desplomé.

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